Autor: franciscano2012

 

Queridos amigos, buenas noches,

Esta noche tengo la oportunidad de entrar en vuestras casas de una manera diferente a la habitual. Si me lo permitís, me gustaría hablar con vosotros unos momentos en este período de dificultad y de sufrimientos. Os imagino en medio de vuestras familias, mientras vivís una vida inusual para evitar el contagio. Pienso en la vivacidad de los niños y los jóvenes, que no pueden salir, ir a la escuela, hacer su vida. Llevo en mi corazón a todas las familias, especialmente a las que tienen algún ser querido enfermo o a las que desgraciadamente están de luto por el coronavirus u otras causas. En estos días pienso a menudo en las personas solas para las que es más difícil afrontar estos momentos. Sobre todo pienso en los ancianos, a los que quiero tanto.

No puedo olvidar a los que están enfermos a causa del coronavirus, a las personas ingresadas en los hospitales. Tengo presente la generosidad de los que se exponen al peligro para curar esta pandemia o para garantizar los servicios esenciales a la sociedad. ¡Cuántos héroes, de todos los días, a todas las horas!También recuerdo a los que pasan apuros económicos y están preocupados por el trabajo y el futuro. Pienso además en los presos en las cárceles, a cuyo dolor se suma el miedo a la epidemia, por ellos y por sus seres queridos, pienso en los que carecen de domicilio, que no tienen un hogar que los proteja.

Es un momento difícil para todos. Para muchos, muy difícil. El Papa lo sabe y, con estas palabras, quiere expresar a todos su cercanía y su afecto. Intentemos, si podemos, aprovechar este tiempo lo mejor posible: seamos generosos; ayudemos a quien lo necesita en nuestro entorno; busquemos, a lo mejor por teléfono o en las redes sociales, a las personas que están más solas; recemos al Señor por los que pasan por esta prueba en Italia y en el mundo. Aunque estemos aislados, el pensamiento y el espíritu pueden llegar lejos con la creatividad del amor. Es lo que hace falta hoy: la creatividad del amor.

Celebramos la Semana Santa de una manera verdaderamente inusual, que manifiesta y resume el mensaje del Evangelio, el del amor ilimitado de Dios. Y en el silencio de nuestras ciudades, resonará el Evangelio de Pascua. Dice el apóstol Pablo: “Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Cor 5, 15). En Jesús resucitado, la vida ha vencido a la muerte. Esta fe pascual alimenta nuestra esperanza. Me gustaría compartirla con vosotros esta noche. Es la esperanza de un tiempo mejor, en el que también nosotros podamos ser mejores, finalmente liberados del mal y de esta pandemia. Es una esperanza: la esperanza no defrauda; no es una ilusión, es una esperanza.

Los unos al lado de los otros, en el amor y la paciencia, podemos preparar en estos días un tiempo mejor. Gracias por dejarme entrar en vuestras casas. Tened un gesto de ternura con los que sufren, con los niños, con los ancianos. Decidles que el Papa está cerca y reza para que el Señor nos libre pronto del mal a todos. Y vosotros, rezad por mí ¡Buena cena , hasta pronto!

LA INMACULADA CONCEPCIÓN, PATRONA DE LA ORDEN FRANCISCANA.

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LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN

Del Evangelio de Lucas 1,26-38
En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

1.- El 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX declara el dogma y establece la fiesta de la Inmaculada Concepción: «Declaramos que la doctrina que dice que María fue concebida sin pecado original es doctrina revelada por Dios y que a todos obliga a creerla como dogma de fe». – Sin embargo, María, por el hecho de ser mujer, participa de la naturaleza pecadora humana. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento afirman la participación de todo ser humano en el pecado de Adán: «Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre» (Sal 50,7). «Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron… […] Lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos» (Rm 5, 12.18). Sólo hay una excepción: Jesucristo: «Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él» (2 Co 5, 21); «Ahora bien, la ley ha intervenido para que abundara el delito; pero, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, para que, lo mismo que reinó el pecado a través de la muerte, así también reinara la gracia por la justicia para la vida eterna, por Jesucristo, nuestro Señor» (Rm 5, 20-21).
2.- El beato Duns Escoto piensa que la afirmación de que todos hemos sido hechos pecado para que todos necesitáramos la gracia de Jesucristo para salvarnos (Rom 5,12), proviene de que Cristo es un mediador perfecto, al ser perfecto Dios y perfecto hombre. Por consiguiente, la mediación para la salvación debe cubrir todos los campos posibles para que la redención alcance toda la realidad y supere toda posibilidad de salvación de cualquier otro mediador. Esto se alcanza cuando, no sólo libera del pecado, sino también es capaz de preservar a una persona de él. Es lo que sucedió con su Madre. Jesucristo preservó a María de toda mancha original y así ejerció la mediación universal de la salvación más perfecta posible, ya que es más fácil reconducir a un pecador a Dios que impedir que una persona pueda ofender a Dios y separarse de Él; es más fácil liberar del pecado actual que crear la misma imposibilidad de pecar; y se agradecerá más a Jesucristo su acción sobre María, su Madre, porque ha mostrado su mediación en el más alto grado, ratificando su capacidad infinita de salvación.

3.- María, como hemos escuchado en el Evangelio, es la «llena de gracia», porque el hijo que va a dar a luz y concebido por el Espíritu es la fuente de su «gracia». Maria recibe a Jesús por fe, porque se ha fiado del Dios y ha cumplido su voluntad. Y con amor lo acoge, lo educa con José y lo entrega al mundo. Los cristianos seguimos la estela de María: acogemos a Jesús por fe, lo vamos haciendo nuestro a lo largo de nuestra vida cuando somos coherentes con nuestra vocación de amor a los demás, y somos capaces de marginar el pecado cuando nuestra vida se transforma en servicio. Y María es el camino que debemos recorrer por el poder mediador de su Hijo para llegar a la patria celeste.

CONGRESO Y EJERCICIOS ESPIRITUALES

Como ya anunciamos anteriormente, los días 8, 9 y 10 de noviembre, hemos celebrado el Congreso anual de los Cruzados Seráficos de la ofs de España y Ejercicios Espirituales, siendo el el ponente Fray Mario, (ofm. Cap), Asistente Nacional en la Casa de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, Madrid. Fue un encuentro muy positivo para el grupo y para cada hermano/a en concreto. En la Santa Misa del sábado, fueron admitidas a la formación con la imposición del Crucifijo las hermanas Gloria y M. Candelaria, las dos de Canarias, e hizo su Consagración la hermana Isabel de Madrid. Fue un acto muy emotivo en que el Grupo vivió con gran alegría.IMG-20191109-WA0025IMG-20191109-WA0030.jpgIMG-20191109-WA0024.jpgEl Grupo CRU SE felicita a estas tres hermanas.

IMG-20191109-WA0035.jpgCelebrando este gran acontecimiento.

IMG-20191109-WA0036Fray Mario (OFM. Cap) en los Ejercicios Espirituales.

IMG-20191109-WA0058Foto de Grupo.

EL ESPÍRITU DE ASÍS

DIFERENTES PERO HERMANOS

Este año hemos elegido para le celebración del “espíritu de Asís” el lema DIFERENTES PERO HERMANOS, expresión tomada del discurso del papa Francisco a los Emiratos Árabes, que nos puede ayudar a profundizar uno de los ejes centrales de la vida y la espiritualidad de san Francisco – y antes del Evangelio-: La FRATERNIDAD HUMANA, que todos nosotros, sus seguidores, hemos de tratar de vivir en medio de la complejidad de nuestro mundo y de las muchas diferencias que existen entre los seres humanos.
¿Quién es mi hermano?
La respuesta a esta pregunta quizás la tengamos asumida intelectualmente aunque frecuentemente ponemos barreras con muchas personas debido a nuestros propios prejuicios. La parábola del Samaritano (Luc 10:25), y el pasaje del evangelio de San Mateo (Mat 25:40): “Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”, apuntan directamente a nuestra misión evangélica de amar a las personas, sin exclusión, y ejercer la caridad (caritas, amor) no como mera filantropía, sino como verdadero amor a Dios que vive en el prójimo, a la manera de San Francisco, superando nuestras ideas preconcebidas que tienden a frenar nuestro ímpetu cristiano para abrazar ese “leproso” de hoy – el que es diferente a nosotros: personas de otras ideologías, religiones o de otra línea eclesial, gays, inmigrantes, sin techo…
Que todos somos hermanos nos los insistió Jesús de Nazaret con su enseñanza y con su vida. Y nos lo repite continuamente el Magisterio de la Iglesia (cf. Gaudium st spes, 93 (1965); Sollicitudo rei socilis (1987) Caritas in Veritate (2009), Laudato si’ (2015) ), que afirma la dignidad de cada hombre y mujer que han sido creados a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 27), y la fraternidad y la unión entre todos los seres humanos porque en Jesucristo todos hemos sido hechos hijos de Dios. Tenemos el mismo origen y somos llamados al mismo destino.
Quizás el concepto de ser imágenes de Dios nos desconcierta, o quizás se nos hace difícil comprender que el Espíritu de Dios se ha derramado, e incluso derrochado, en cada persona – sea extranjero, homosexual, cristiano, musulmán, criminal, o ateo-. Todos los hombres y mujeres gozamos y compartimos una dignidad universal que nos hace, sin distinción alguna, capaces de “entrar en comunión con Dios y con las otras personas” (Compendio del Catecismo n. 66). Por lo tanto, la dignidad de cada persona no depende ni de su raza, ni de su orientación sexual, ni de su credo, cultura o nación, ni de su condición física o intelectual.
El ejemplo de San Francisco frente al leproso, a los ladrones, al sultán… nos insta a relacionarnos con cada persona sin distinción alguna, desde una predisposición de respeto, reconociendo su dignidad intrínseca como “hija de Dios”, buscando siempre potenciar el encuentro, el dialogo y la reconciliación, creando las condiciones y caminos de cambio tanto en nuestro interior como en la sociedad para derrumbar aquello que nos separe de forma ideológica, religiosa, física o intelectual de los que consideramos “diferentes”.
Convencidos de nuestra común identidad como hijos de Dios y por tanto hermanos, con una vocación a ser custodios de nuestros hermanos y de todos los seres, nuestra mirada hacia, por ejemplo, el emigrante económico, el refugiado, el gay o el transgénero, el musulmán, el que defiende una ley que regula el aborto o la eutanasia, el que apoya una filosofía política distinta a la nuestra, debe caracterizarse por el amor cristiano y la expresión activa de la justicia y la paz evangélica: “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?” (Mt 5, 43-48).

¿Dónde está mi hermano?

La imagen de Dios no se nos reveló en un ángel sino en un rostro humano – el de Jesús, Dios hecho HOMBRE, nacido en el tiempo humano-. Por su encarnación todos los hombres compartimos una relación de hermanos, de fraternidad. La identidad del prójimo está clara: todos somos hermanos, sin excepción. La pregunta tal vez más incómoda para nosotros sería la misma pregunta que hizo Caín al Señor (Gen 4:8-9): Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató. Yahvé dijo a Caín: ¿dónde está tu hermano? Contestó: No sé. ¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano? Tal vez podríamos responder a la misma pregunta: Sí, yo sé dónde está Abel, pero no sé dónde está mi hermano! Como nos ha dicho el Papa Francisco, “se puede decir esto: yo sé, sí, donde está este o esta, pero no sé dónde está mi hermano o mi hermana porque para mí este o esta no son hermanos ni hermanas”.
La pregunta, ¿dónde está mi hermano?, como expone Inmanuel Kant (Imperativo Categórico, 1785), nos exige un reconocimiento del prójimo o del hermano como un TÚ en el cual me debo reconocer. Yo estoy reflejado en mi hermano y él en mí porque compartimos dolores, sufrimientos, esperanzas y gozo – y más aún, hemos sido creados a imagen de Dios. Al aceptar al hermano que llega a nuestras costas en patera, al musulmán, al homosexual, a la mujer traficada, al inmigrante económico, al ateo, al que manifiesta ser diferente a mi tradición, credo, cultura o condición social, manifiesto la compasión cristiana ilustrada perfectamente en el abrazo de San Francisco al leproso, “lo que antes me parecía amargo se transformó en dulzura”. Cristo nos da la respuesta definitiva a la pregunta de Caín con la parábola del Buen Samaritano y con su muerte y resurrección para la salvación del mundo. Seamos cristianos sin fronteras como fue el Buen Samaritano.

REFLEXION
1. ¿Qué significa para mí ser creado a imagen y semejanza de Dios? ¿Cómo traduzco mi tradición y fe católica en obras hacia los que considero “diferentes”?
2. ¿Tengo prejuicios hacia los que tienen otros credos o no tienen ninguno, o son diferentes por la razón que sea?
3. ¿Actuamos con respeto y acogida con aquellas personas que viven con criterios no acordes con la Iglesia?
4. ¿Escuchamos con respeto a los hermanos que nos provocan con ideas políticas, religiosas o filosóficas contrarias a las nuestras?
5. ¿Quién es para mí el inmigrante económico recién llegado a España? ¿Contribuyo a su acogida en mi fraternidad, mi parroquia, mi barrio, mi pueblo…?
6. ¿Cuál es mi actitud hacia mi hermano/a homosexual? ¿Le acojo al igual que a mis hermanos heterosexuales?
7. ¿Me preocupo de profundizar en el conocimiento del Islam, del ateísmo, de otras religiones?

CELEBRANDO EL ESPÍRITU DE ASÍS 2019 (1)

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TRÁNSITO DE SAN FRANCISCO DE ASÍS.

A. De la Leyenda Mayor de San Buenaventura:
Acercándose, por fin, el momento de su tránsito, (Francisco) hizo llamar a su presencia a todos los hermanos que estaban en el lugar y, tratando de suavizar con palabras de consuelo el dolor que pudieran sentir ante su muerte, los exhortó con paterno afecto al amor de Dios. Después se prolongó, hablándoles acerca de la guarda de la paciencia, de la pobreza y de la fidelidad a la santa Iglesia romana, insistiéndoles en anteponer la observancia del santo Evangelio a todas las otras normas.
Sentados a su alrededor todos los hermanos, extendió sobre ellos las manos, poniendo los brazos en forma de cruz por el amor que siempre profesó a esta señal, y, en virtud y en nombre del Crucificado, bendijo a todos los hermanos tanto presentes como ausentes. Añadió después: «Estad firmes, hijos todos, en el temor de Dios y permaneced siempre en él. Y como ha de sobrevenir la prueba y se acerca ya la tribulación, felices aquellos que perseveraren en la obra comenzada. En cuanto a mí, yo me voy a mi Dios, a cuya gracia os dejo encomendados a todos».
Concluida esta suave exhortación, mandó el varón muy querido de Dios se le trajera el libro de los evangelios y suplicó le fuera leído aquel pasaje del evangelio de San Juan que comienza así: Antes de la fiesta de Pascua (Jn 13,1). Después de esto entonó él, como pudo, este salmo: A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor, y lo recitó hasta el fin, diciendo: Los justos me están aguardando hasta que me des la recompensa (Sal 141).
Cumplidos, por fin, en Francisco todos los misterios, liberada su alma santísima de las ataduras de la carne y sumergida en el abismo de la divina claridad, se durmió en el Señor este varón bienaventurado (San Buenaventura, Leyenda Mayor 14, 5-6).
TRANSITO DE SAN FRANCISCO